España enfrenta desigualdades en la detección del cáncer de cérvix, con tasas de participación que varían drásticamente entre comunidades autónomas. Mientras el País Vasco alcanza el 67% de adherencia gracias a estrategias como el envío de SMS recordatorios, Madrid lucha por superar el 30% de participación. Estas diferencias se debatieron en el reciente Foro Nacional celebrado en el Congreso, donde se destacó que la detección precoz podría reducir la mortalidad hasta en un 70%.
El programa poblacional, vigente desde 2019, busca identificar a tiempo los 2.300 casos estimados para 2025, pero su implementación es desigual. Comunidades como Andalucía y Canarias están en fases iniciales, mientras Castilla-La Mancha ya combina métodos avanzados como la citología líquida. “No deberíamos perder ni una vida por algo prevenible”, insistió Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer.
Entre los principales obstáculos destacan la falta de concienciación y recursos. David del Valle, ginecólogo del Hospital de Donostia, explica que muchas mujeres descartan el cribado por creer que no son vulnerables al tener pareja estable. La autotoma vaginal y la estandarización de datos entre regiones emergen como soluciones clave para mejorar la participación.
El objetivo es alcanzar el 80% de cobertura para 2029, siguiendo el modelo de éxito del cribado de mama. Expertos como Julia Camps subrayan la necesidad de homogeneizar los procesos: “17 maneras diferentes de cribar generan inequidad”. La tecnología y las campañas de sensibilización aparecen como pilares para cerrar las brechas actuales.